lunes, 2 de julio de 2012

Hablamiento colectivo

Conforme a lo acordado, me dirigía a dejar a mi retoño a la casa de su madre luego de haber pasado el fin de semana conmigo.

Salimos del Terminal O'Higgins y tomamos un colectivo rumbo a Machalí. Juan José y yo íbamos mirando el paisaje por la ventana. De pronto, sin darme cuenta, me descubrí conversando con el chofer sobre autos. Él era un cabro como de mi edad, o al menos no aparentaba tener más edad que yo... o por lo menos parecía tener veintitantos.

Hablamos sobre los autos chinos y de que ahora son de mala calidad pero que probablemente en veinte años más iban a ser la patá de buenos. Me terminé enterando que le cargaban los Peugeot y los Renault y que sólo confiaba en los vehículos japoneses y americanos.

El Camaro me gusta a mí me dijo en un momento.
¿Cuál Camaro? interrogué yo.
El último, ese que salió en la película de los Transformers.
Ah, es que no vi la película de los Transformers.
¿No viste la película de los Transformers, flaco?
No, es que ni siquiera me gustaban mucho los monos cuando chico así que la película nunca me ha llamado la atención.

Y ahí se acabó la conversación. No me preguntó más y volví a acompañar a Juan José en su labor de mirar el paisaje por la ventana.

Más tarde, de vuelta en la Región Metropolitana, tomé un coleto pa ir pa mi casa. En el asiento del copiloto iba una señora conversando con el chofer sobre accidentes de tránsito y de que ya se estaba recuperando de su accidenete un viejito colega colectivero que trabajaba poco y que tenía hijas en el extranjero.

Acotó en un momento la señora:

Mi hijo una vez se compró una moto y le dije que se había comprado un cajón con ruedas... son tan peligrosas...

Y la vieja de mierda iba sin cinturón de seguridad.

Siguieron hablando y el chofer dice algo así como "yo antes era de los que no usaban cinturón, pero ya no".

La señora hizo un amague de complementar lo dicho por el conductor, pero al percatarse que no se había puesto el cinturón de seguridad, abortó misión y se quedó callada.

De a poco se fueron bajando todos los pasajeros. Me bajé yo también y caminé a mi casa pensando en que todavía no descubro del todo por qué me caen mal las viejas. No me refiero a las señoras en particular, sino que a las viejas como gremio. 

Porque yo creo que no se han dado cuenta, pero las viejujas son un gremio, piensan de forma parecida y tienen intereses particulares dada su condición de señora.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Una cosa lleva a la otra

Hace varias semanas escribí una idiotez que llevaba por nombre Animalejos, en la cual confesaba una fantasía mía que versaba sobre como un encapuchado le quitaba el caballo a un paco y desde aquel noble corcel procedía a darle guaraca a los soldados de la elite. Algo me dice que esto se me debe haber ocurrido al rememorar alguna gesta del libro "Lautaro, joven libertador de Arauco", el cual a su vez debió haber venido a mi memoria luego de una frase que me dijo mi hermana mientras veíamos noticias una mañana de 2011 y en donde la prensa burguesa mostraba a los estudiantes enfrentándose a las Fuerzas de Orden con palos y piedras, mientras éstos les lanzaban gases lacrimógenos y agua con caca. "Cacha, es como cuando los mapuches peleaban con los españoles, con puras piedras"...

Lo interesante es que dicha observación, a su vez, remite a la disparidad de elementos en la lucha, pudiendo visibilizarse la existencia de dos grupos armados, en donde el equipamiento represivo de uno es de mayor sofisticación que el del otro, limitándose el armamento del grupo menos sofisticado a elementos que forman parte del entorno mismo palos y piedras... a excepción quizás de una que otra honda. No de buena onda, si no que de honda usada por Bart Simpson y/o Daniel El Travieso... esa onda... Y a propósito de Daniel El Travieso... ¿Se acuerdan que el Pinochet culiao pa guardar su dinero robado al pueblo chileno "noooo, si el Tata habrá mandado matar a mucho weón, pero nunca le robó un peso a nadie" se inventaba nombres falsos en el Banco Riggs, y que uno de ellos era Daniel López? ¡Nombre culiao trucho! ¡Es tan común que es obviamente sospechoso! Y es un nombre tan común que llega a ser gracioso y pintoresco que el cerdo fascista lo haya escogido para intentar camuflar su acción ilícita...

Hace poco Fernando González anunció su retiro del tenis profesional. Me acordé inmediatamente de Hermes Gamonal. ¿Qué fue de ese weón? Todo indica que pasó sin pena ni gloria. En todo caso, como dijo el Chino Ríos: "no estoy ni ahí".

En mi pieza tengo colgada una raqueta. Yo no juego tenis. Me la regaló cuando pendejo un amigo de mi viejo con el que jugaba tenis. Que yo sepa, mi viejo tampoco jugaba tenis y tampoco tenía raqueta. Pero ahí estaba yo y ahí estaba él con su amigo (y parece que otro más) jugando tenis en unas canchas de arcilla que quedaban cerca de la casa en que vivía la Natalia Cuevas. ¿Se acuerdan de la Natalia Cuevas? Imitaba gente pero sin tanta gracia como Kramer.

Mi raqueta es una Dunlop John McEnroe Pro, hecha a la antigua, con madera. Una vez con mi tropa de amigotes compañeros de colegio jugamos tenis y me hicieron ver, al observar mi raqueta old school, que era una reliquia. El hecho de que fuera posiblemente una reliquia hacía que me dieran más ganas de cometer la herejía de hacerla rebotar contra el suelo, provocándole potencial daño y mermando su estado. Pero mi raqueta es de las buenas, porque es de las antigüitas, por lo que ningún daño sufrió.

En internet vi unas fotos de los pacos lanzándole bombas lacrimógenas a los ayseninos durante sus jornadas de protestas. Las bombas por el aire, dejando su estela de humo tosedor según la trayectoria del proyectil, se asemejaron en mi mente enferma a una pelota de ese jueguito que es como el tenis pero no es el tenis, en que la pelota —o lo que sea que se tire— no es una simple esfera sino que tiene como un agregado.

Pensaba en lo bacán que sería poder responderle una lacrimógena a un paco culiao con una raqueta de tenis. Sería épico. Sería hermoso. Y pensé en lo trascendentalmente simbólico que sería que alguna vez, aquellos deportistas tan amados por el pueblo como Fernando González o Nicolás Massú salieran a la calle a responder las bombas con raquetazos. El clímax de la escena llegaría con la sorpresiva aparición de la Kournikova Chilena, quien no sólo se metería su raqueta por la zorra, sino que también a un guanaco entero, ante la admiración de la muchedumbre perpleja.

¿Será pecado acaso tener fantasías de este tipo en las jornadas de enfrentamiento con las Fuerzas Especiales? Si tuviera los recursos, gustoso haría una película en donde se incluyan escenas del encapuchado monta-caballos y del tenista que usa su raqueta por la defensa del amor y la justicia. Si fuera menos pajero y tuviera más confianza de mis trazos, dibujaría dichas escenas en un cómic.

Pero no sé qué es lo que ocurrirá finalmente. Lo más probable es que el tiempo pase, y ante el evidente no cumplimiento de mi fantasía, en un día cualquiera, seré yo el que le quite el caballo a un paco y desde ahí responderé con raquetazos a las bombas lanzadas por los cerdos.

Total que una cosa lleva a la otra.

lunes, 16 de enero de 2012

Adiós a un zapato

Hace dos sábados me dirigía a la estación de trenes de San Bernardo y al pasar por la plaza Paul Harris que limita con ella frente al Tottus, ex San Francisco Estación me percaté que dicho lugar había perdido uno de sus pintorescos atractivos, una de sus características particulares, ese algo que me hacía recordarla especialmente, su gracia, su qué se yo.

Resulta que en esa plaza hay un árbol, pero eso no es lo novedoso (porque se espera que en toda plaza, plazuela o plazoleta haya al menos un árbol y/o un par de bancas). La gracia estaba en que ese árbol tenía en su tronco clavado un zapato.

Y me daba risa que tuviera un zapato clavado. Lo encontraba chori.

Una vez un caballero de la calle me dijo que ése zapato era del primer atorrante que vivió en la plaza (palabras de él). Ahora bien, no me consta que el señor que me contó la historia fuese efectivamente un "caballero de la calle" que pernoctase en la plaza, más bien me queda la sensación que era de estos viejitos medio vagabundos que alojan en el Hogar de Cristo o similares. Y más cosas no me constan porque mis recuerdos se pierden en el laberinto de los años pasados y probablemente el recuerdo completo quedó archivado en la carpeta "varios" o en la carpeta "random".

El porqué hablé con el caballero que me orientó sobre el origen del zapatín clavadín en el arbolín no lo diré porque me da ultra mega pajín y no vale la pena porque es fomesín.

Y puta, cuando caché que el zapato ya no estaba clavado fue como "¡Bah, no está! chucha qué mal". Me dieron ganas de averiguar las razones y mi primera ocurrencia fue preguntarle a la gente que andaba por el lugar, preguntarle a la señora que vende mote con huesillos probablemente o a algún transeúnte pero todo eso se me pasó por la cabeza sin dejar de caminar, por lo que cuando llegué a la estación me dio Doña Paja devolverme. "Lo haré otro día" me dije.

Al sábado siguiente fui de nuevo pa la estación y pasé de nuevo por la plaza. Miré de nuevo el árbol y confirmé que el zapato no estaba. No había nunguna señora vendiendo mote pero aunque hubiese habido diez viejujas no le hubiera preguntado a ninguna. Seguí hacia la estación.

Lo más seguro es que el próximo sábado pase de nuevo por la plaza pa ir a tomar el tren y confirme por tercera vez la ausencia del zapato. Me seguiré preguntando quién lo sacó y porqué, seguiré pensando que quizás sería bueno preguntarle a alguien y lo más probable es que siga mi camino sin hacerlo. Lo que pasa es que dirigirse a una persona e interrogarla sobre el paradero de un zapato que estaba clavado en un árbol hará que el aludido dude de mi cordura. "¡Oye la pregunta weona!" dirá.

Y siempre digo que perdí la vergüenza hace mucho tiempo, lo cual es igual verdad, pero resulta que igual es mentira, quedando en evidencia mi pudor culturalmente construido en situaciones como éstas... aunque una parte de mí sabe que de algún modo averiguaré el destino de aquel calzado. De hecho, escribir lo que estoy escribiendo es una forma de indagar, porque si alguien sabe lo que ocurió podría informármelo a través de un comentario.

La foto del zapato la tomó mi viejo como el 2005 y la guardó en el computador con el nombre de "zapato enarbolado". Han pasado muchos años, y por medio de estas líneas me despido de ti y enarbolo este pequeño homenaje, zapato enigmático, zapato misterioso, zapato cochino, zapato café, zapato guacho, zapato que marcó tendencia de antes que estuviera de moda colgar zapatillas en los cables.

Chao zapato culiao, nos vemos en el infierno.

Comentario final: No sé quién chucha fue Paul Harris y tampoco le preguntaré a Google.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Animalejos

De un tiempo a esta parte ha aumentado la cantidad de camiones que van con chanchos al matadero. No me consta que vayan para allá, pero se dirigen hacia allá y no hallo otra razón para que camiones cargados de ganado porcino pasen por el frente de mi casa.

Ignoro cómo se comporta el mercado de la carne por lo que no tengo la más mínima idea de si habrá aumentado la demanda de chuletas o caezas de chancho. Sin embargo, lo que ha llamado mi atención no ha sido el aumento de la afluencia de cerdos al matadero.

Lo que captura mi atención es cómo chillan las pobres bestias. A diferencia de los caballos u otros animales, estos cerdos no van en silencio. Chillan y gruñen como reclamando por ir apretados en un vehículo, de pie y sin posibilidad de movimiento. A diferencia de los usuarios del transporte público, esta historia no termina tomando once en la casa, sino que con la muerte.

No sé si los chanchos sabrán lo que les aguarda. Tampoco sé si pueden presentir la muerte o si tendrán nociones de lo que ésta significa. Pero tanto chancho junto gruñendo no me ha dejado indiferente; es algo inquietante, sumado a que en alguna ocasión he visto a al menos uno con la cabeza sangrando. Agréguese a la imagen el olor a puerco impregnando el aire.

No soy animalista ni niñito sensible que levanta pancartas por los derechos de los animales. Considero que la búsqueda de casas para los perros es una pérdida de tiempo en vista de que hay tanto homo sapiens sin techo. Pero tampoco criticaré ni atacaré a quienes voluntariamente dedican su tiempo a cuidar y proteger a perros vagos y demases. Por lo demás, desprecio el rodeo y las corridas de toros.

Paradoja: Estoy en contra del maltrato animal pero no lucho por la causa. En realidad es algo que no me calienta lo suficiente.

Conversando un día con el Gato por el Paseo Ahumada llegamos a la conclusión que generalmente los más acérrimos protectores de causas animales son jovenzuelos de adolescencia extendida —es más fácil romper un átomo que un prejuicioy que, en realidad, la explotación de los animales para, por ejemplo, hacer pieles, está inserta dentro del consumismo, el neoliberalismo y todos aquellos males provenientes desde el infierno de la estupidez humana.

Aprovecho la ocasión para dejar enunciada una idea. Quizás esta idea no llegue nunca a materializarse en la vida real pero ojalá que alguien la pesque y la plasme en una película, un cómic, un cuadro, una canción, un poema, un grafitti, un meme o TODAS LAS ANTERIORES. Se trata de lo siguiente:

En una jornada de protesta, la violencia contra las Fuerzas de Orden se moviliza para variar al Parque Almagro. Millones de encapuchados apedrean a los pacos y sus vehículos, refugiándose de vez en cuando en las instalaciones de la Universidad Central y de la UTEM. Los pacos tiran sus gases ahogando a los manifestantes y los pacos a caballo reparten lumazos como enajenados dejando inconscientes y sangrando en el suelo a decenas de encapuchados. De repente llega un capucha y, con una mezcla de cuea y destreza, logra botar del caballo a un paco. El loco aprovecha la ocasión y se sube al caballo. Para sorpresa de todos los allí presentes, sabe montar a la perfección y armado con un palo que tenía en la mano se dirige hacia la policía montada y los persigue, golpeando con el palo a los que alcanza. Los pacos a caballo huyen despavoridos con las tetas al aire. Los caballos botan a sus jinetes y éstos, urgidos, corren tan rápido como sus gordos cuerpos les permiten hacia la micro de pacos para refugiarse. Los equinos, al verse libres de sus amos, desarrollan en ese instante alas y vuelan por el Parque Almagro.

  • Final alternativo 1: Los caballos vuelan con sus alas muy alto y se pierden en la estratósfera para siempre.
  • Final alternativo 2: Los caballos elevan su vuelo sobre el parque disparando rayos láser por sus ojos, destruyendo así los guanacos y zorrillos que hay por ahí. Los vítores de los manifestantes se oyen por toda la ciudad. Los caballos alados convocan a la ciudadanía a una Asamblea Constituyente.
Ayer salí a tomar la micro. Mientras la esperaba, observé cómo una pandilla de perros le daba jugo a un viejo que se acercaba hacia el paradero. Liderados por un perro cojo, acosaron al viejujo hasta que lo hicieron bajar a la caletera; se subió de nuevo a la vereda y lo siguieron weando. El hombre emitía en vano las clásicas interjecciones que se usan para espantar rropes. Un weón quiso ayudar al viejo pero tampoco sirvió. Me dio la sensación que le tiró un pollo al perro líder y que éste lo ignoró pero no me consta totalmente porque tenía lentes de sol y mi atención no estaba centrada hacia el weón (pensaba en chanchos sangrando).

Sacowea el weón que escupió al perro si es que lo hizo.

Tal vez es momento de recordar a los integrantes de nuestra fauna nacional: Tenemos al mono culiao, la chancha culiá, el perro culiao (interpretado por Rosa Espinoza), el sapo culiao, el pájaro culiao (con su primo el pajarón y la conchetumare), la vaca culiá gorda, la rata culiá traicionera y los caballos culiaos, el pollo culiao y el pollo coludido.

Mención honrosa para los pingüinos. Mención deshonrosa para el zorrillo y el guanaco.

Chao pescao.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Vaya a saber uno

Micros que frenan brusco, señoras que se caen de poto. Viajes que se alteran, viejas que ruedan por la escalera. Paisaje urbano smogeado lacrimogeneado homogeneizado. Clichés, clichés, clichés. La búsqueda de la originalidad: otro cliché.

Puta, era tan buena mi idea. Qué lástima que mis condiciones materiales me hayan impedido gozar plenamente la concreción de mi proyecto. Puta.

Altanaería de la que no se puede escapar y desconfianza de la buena onda. Sueños culiaos weones. ¿Qué diría Freud de todo esto?

Cita APA, cita a ciegas. Cita con la medicina: es la hora de tu papa.

Rimas baratas al por mayor, aproveche la oferta. ¡Una ronda de blin blin para todos! ¡Yo me rajo, estoy recién pagado! Pero tú mueve tus caderas, esas caderotas caderotazas chupeteables lamedorazas. Estoy ultra pegado.

Día de la virgen. Sí, cómo no. Pelos y lunares despreciados por la cultura occidental grecorromana judeocristiana. Podría escribir una canción sobre eso.

Lo importante no es lo que se dice sino cómo se dice. Forma versus Fondo por el Campeonato Mundial. Sacás de chucha varias. Mocha eterna.

Oposiciones típicas que rellenan impaciencias. Había una figura retórica para eso. ¿Oxímoron? ¿Jitanjáfora?

Cada quien con sus bemoles. Frases para hacerse el interesante.

¿De quién es la pelota? ¿Quién manda el juego? ¿En qué momento dejamos de preguntarnos esas cosas?

¿Y qué es más mejor? ¿Atiborrar con poses o parecer un perfecto imbécil? Igual se puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Pero a mí no me pregunten: me le cae la goma de mascar y llega al suelo desde mi cabidad bucal.

Ígneos oncólogos oníricos ganan sueldo de extraterrestre. Favor romper el vidrio en caso de emergencia o espere en línea, un ejecutivo le atenderá.

Y suácate pum paf. Me lleva el chanfle de pasá. Demasiado latino para mis cosas. Güere güere güei. Marichiweu. Diez veces venceremos (pa los pollos) (coludidos).

Y no haré declaraciones sobre el bolo alimenticio. A ése dejémoslo vivir su luto en paz.

Ahora bien, sin embargo, no obstante, por lo cual. De tal modo que, a pesar de ello, bajo esa perspectiva.

¿Estaremos hablando de lo mismo? ¡Vaya a saber uno!

jueves, 17 de noviembre de 2011

La canción de los caballos

Escribo esto porque es un recuerdo que me agrada bastante y no lo quiero olvidar.

En realidad tenía ganas de escribirlo desde que se plasmó en mi memoria, pero no lo hice, aunque de todos modos me parece habérselo contado a varias personas por el solo gusto de hacerlo, porque encontraba que era una historia bacán que valía la pena.

El problema es que al describirlo como algo bacán que vale la pena, genera inevitablemente expectativas en el humano o humana que lo leerá y posiblemente se decepcione luego de hacerlo al no hallar en los párrafos devorados motivos suficientes que permitan a la anécdota relatada acercarse a la bacanidad y/o valida de pena.

La cosa es que hace unos días quise rememorar el recuerdirijillo y lo tenía borroso en mi mente, así que me dije a mí mismo: "Mí mismo, escribe la weá pa que cuando te le olvide completamente podai releerla". Y encontré que me di una muy buena idea y me besé felicitándome. También me di un premio e hice un festival en mi honor.

El asunto es el siguiente:

El Tío Lito tenía un sucucho en Linderos en donde iban a tomarse unas pilsens personas que querían ingerir ese divino brebaje, generalmente trabajadores de faenas agrícolas del sector, temporeros y peones me imagino. El Tío Lito es mi tío porque es hermano de mi padre. Linderos queda cerca de Buin, mi pueblo natal.

Hace ya varios años, por lo menos un par, con mi viejo fuimos pa allá no sé por qué razón. No recuerdo el motivo. Parece que mi papá quería conversar un asunto con el tío y yo lo acompañé.

Llegamos, entramos, nos saludamos y mi tío dijo que nos sentáramos a una mesa mientras él terminaba de hacer unas weás en la cocina parece.

Nos llevó una chela y con mi viejo la tomamos mientras conversábamos banalidades de la vida y la cotidianeidad. Había más clientes también en una mesa del fondo y recuerdo también a una pareja. De esa pareja tengo la sensación de que conversaban o discutían de algo pero sin exaltarse y como que en un momento la mujer se fue, dándome la impresión que se había enojado con el loco o que el loco se la estaba joteando pero no alcanzó a llegar al punto que la mina se rajara con un beso pa que después le diera la pasá, y que se viró porque había otro weón más macho que la estaba esperando en otra parte.

¿Y por qué me dejó esa sensación? No sé. No me acuerdo. De hecho ahora me vino un flashback que me hace reconsiderar lo escrito anteriormente y parece que sí discutieron o se dieron jugo. Y puta, no es que cada vez que vea una pareja discutir me ponga a sapear pa cachar qué onda, pero me acuerdo de eso y lo puse acá po...

En un momento llegó mi tío a nuestra mesa y nos habló unas cosas y de cómo le iba con el negocio y no sé qué más. Comentó que la clientela eran por lo general hombres que venían del sur a trabajar de temporeros y que cuando se curaban a veces se ponían a hablar en mapudungun. Efectivamente, los de la mesa de al fondo empezaron a hablar en mapudungun pero no sé qué decían. Tal vez incluso era todo parte de una performance para impresionarnos a mi viejo y a mí, pero eso sería darnos demasiada importancia. Mi tío dijo también que los borrachos igual le hacían caso y que cuando algún curao le daba jugo, otros mismos curaos le prestaban ropa y/o sancionaban al jugoso por longi, porque naquever que se agilaran con Don José que era tan re-tela con ellos.

Mi viejo, en un momento reflexivo, me dijo después que al tío lo respetaban porque trataba a sus comensales de forma amable y sin prepotencia ni con insultos, y que eso era valorado por trabajadores que debían soportar a diario malos tratos y abusos de los patrones.

Estábamos en eso y se acercó a nuestra mesa un weón pa hablar con mi tío. Estaba medio copetiao el compadre y le dijo a mi tío algo así como "Don José, quiero poner una canción en el wurlitzer".

El sucucho tenía ese típico wurlitzer con millones de canciones y con una pantalla donde sale el video de la canción. Éste wurlitzer tenía puras rancheras y corridos mexicanos. O en volá no eran puros artistas mexicanos los que interpretaban los temas, también podían ser de otros países me imagino, pero las canciones eran todas rancheras.

Ahora bien, un purista del género podría decirme que una ranchera no es lo mismo que un corrido y que además habrían de existir más variantes y bla bla bla. Pero no tengo pico idea de la diferencia. Si alguien me ilustra al respecto lo agradecería. Espero que se entienda que cuando hablo indistintamente de ranchera o de corrido es para ilustrar a la típica canción que cuenta sufridas historias del campo con ritmo mexicanote.

Mi tío le preguntó qué canción quería poner y el loco le dijo que "la canción de los caballos". Con mi viejo mirábamos nomás.

Mi tío fue al wurlitzer, metió una moneda (no me acuerdo si la moneda era de él o se la pasó el loco) y empezó a sonar una ranchera terrible cortavenas, con letra sufrida como sólo una ranchera puede. El video de la canción era una secuencia de imágenes de carreras de caballos.

¡Era la canción de los caballos! Y la encontré la zorra.

domingo, 6 de noviembre de 2011

La discomicro y la discometro

Andar en micro o en metro tiene una similitud muy importante con el acudir a una disco o lugar afín donde no pare el bailoteo. Esta similitud radica en la relación que uno como varón lolo lleno de vida o adulto-jovén cortés y educadito tiene con el género femenino.

Y la similitud de la que hablo se expresa en dos acciones concretas: Ofrecerle el asiento a una señora y sacar una mina a bailar.

El modus operandi es el mismo en ambos casos, siendo idénticos los pasos previos para concretar la acción.

Por ejemplo, en ambos casos lo primero que se hace es observar el entorno buscando a la fémina adecuada para hacerle el ofrecimiento.

A veces uno ve a lo lejos a la candidata perfecta pero una suma de eventos desafortunados impide el contacto visual. Ella lo único que quiere es que uno le haga el ofrecimiento pero tampoco hace nada por acercarse porque duda que uno se haya fijado en ella. "No, él no me invitará, mejor miro para otro lado". Las razones de esto puen deberse a que la mujer en cuestión no se siente lo suficientemente washita carnúa o lo suficientemente vieja como para dar la instancia de recibir la invitación... o simplemente cree que uno es tan aweonao que nunca se avisparía. "Este weón no se da cuenta".

Otras veces uno halla a la candidata perfecta y tiene todo listo para hacerle el ofrecimiento, pero se atraviesa otro que está más cerca y te la arrebata, dejándote con las ganas.

Sin duda, lo más patético y lúser es lograr el contacto visual, hacer el ofrecimiento de la forma más educada y galante del mundo, tratando de expeler el máximo de testosterona posible... y que te digan que no. ¡Que te digan que no! ¡Qué chucha!

Una variante de lo anterior es cuando una mina le ofrece el asiento a una vieja cuando justo uno lo iba a hacer. "¡Pero si pa eso soy el hombre!" Es como cuando las minas bailan entre ellas. ¿Pa qué hacen eso? Pico, poco me importa en realidad.

En todo caso, creo que tanto en contexto micro/metro como en contexto disco/bailongo lo único que las mujeres quieren es que uno les haga el ofrecimiento, aunque no lo reconozcan.

Una situación que no recuerdo que me haya tocado, pero que debe ocurrir en las dos situaciones descritas, es que sea la mujer la que haga el ofrecimiento, o sea que ella tome la iniciativa de o sacarte a bailar o pedir el asiento. "Baila conmigo y mira mi cuello sudado" (rico). "Dame el asiento y mira mi cuello sudado con lunar con pelo" (mala volá).

Las anteriores son las situaciones más típicas. Sin embargo, debo reconocer que aún falta estudiar los efectos de hacer el ofrecimiento con una lata de cerveza en la mano. Aventuro que los resultados variarán según horario, marca de la chela, nivel de cara de curao, forma de pronunciar y forma de mirar.

Y sí, la situación de pasajero es calcada de la situación de jote discotequero, pero hay algo que distingue a cada caso. La diferencia radica en la expectativa que uno como joven varón tiene en ambos contextos. Mientras en el bailongo uno lo único que quiere es que esté lleno de minurris pa hacerse el lindo y aplicarle a un perreo intenso y chacalonero, dándole sin miedo, rompiendo el suelo y sintiendo el choque, en la micro o en el metro uno sólo desea que ojalá no haya ninguna abuela de mierda para así viajar sentado sin culpa alguna.

Dicho lo anterior, dejaré enunciado un próximo experimento: Sacar a bailar una vieja en la micro.

Y antes de irme quiero hacer una aclaración: No voy a discos ni uso transporte público. Todo lo soñé o lo vi en Youtube.

Y puta la weá, ahora que releí esta mierda que escribí me cargó porque quedó como la narración de un papito zorrón chucha perro y la weá, más encima que me carga bailar y los locales culiaos donde se hace porque hay pura bulla, no se puede conversar y además bailo como la corneta. Lo publicaré de todos modos, en la semana me reivindicaré cortando calles, escuchando Anarkia Tropikal o tirándome de hocico a un cactus por weón... lo que pase primero.